El estrés del voto

Ha llegado el tiempo de votar. Las ultimas semanas en México se han distinguido por la lluvia constante de mensajes dirigidos a un público enojado, temeroso e indeciso sobre la necesidad de acudir a la urnas y elegir a quienes serán sus representantes en el Congreso y a quien ocupará por seis años, esperemos, la Presidencia de la República.

Desde el punto de vista de mercadotecnia política y gracias al protagonismo excepcional de las redes sociales y los medios de comunicación alternativos, estas elecciones no se parecen a ningunas otras en la historia de México; los pasados 12 años de gobiernos de transición han dejado una huella imposible de ignorar en el ánimo de los electores que, esta vez, parecen decididos a castigar los abusos y desatinos de los gobiernos que han contribuido en mayor o menor medida a crear un clima de inseguridad social, una cultura institucional de corrupción e impunidad, una actitud de tolerancia e indiferencia a la pobreza extrema y una penosa tendencia a dividir a la sociedad mexicana en favor de intereses políticos mezquinos; es en este punto dónde la población mexicana comienza a manifestar lo que he denominado estrés nacional.

La batalla por acceder y/o conservar el poder se ha nutrido de un mar de encuestas, algunas confiables y otras francamente falsas, que buscan inclinar la balanza a favor de los hipotéticos vencedores, con el efecto indeseable de segmentar a los electores y provocar conflictos entre la población, como si en este momento no fuera suficiente con los problemas domésticos que encaran a diario los ciudadanos del país, tales como la violencia resultante del imparable crimen organizado, el costo de la vida y la incertidumbre social.

Para perjuicio de la sociedad toda, y en conformidad con la letra de la canción del Grupo Molotov, Gimme The Power, los poderosos ahora, buscan mantener a ultranza dicho poder, y si es posible, conquistar a cualquier precio mucho más de el. Y esos poderosos no solo son los integrantes de la clase política y los empresarios, sino también los nuevos líderes del crimen organizado; al día de hoy suman 130 el número de candidatos a puestos de elección popular asesinados por intereses turbios, según cifras de la consultora Etellekt y su informe titulado Indicador de Violencia Política en México 2018, desde que inicio el proceso electoral el 8 de septiembre de 2017.

Estos fenómenos están provocando un creciente aumento en la ansiedad de la sociedad mexicana para el día de la elección, el próximo domingo 1º de julio, más aún cuando actores políticos irresponsables advierten de reacciones extremas en caso de existir anormalidades sospechosas del proceso electoral; en palabras de Yeidckol Polevnsky, Presidenta del partido MORENA, “que no se atrevan a querer hacer un fraude porque sí se van a encontrar con el diablo, porque no les vamos a permitir un fraude, a ningún precio, no lo vamos a aceptar.”

Es así como un creciente estrés obliga a quien lo padece a buscar mecanismos de evasión y/o adaptación con el objetivo de mantener la salud mental, compensación que recae al momento en acontecimientos como el desempeño de la Selección Nacional de fútbol en el Mundial de la FIFA Rusia 2018; eventos así facilitan canalizar el estrés de modo que éste resulte menos tóxico para el desarrollo de la vida cotidiana. Para mayor fortuna, un brevísimo silencio mediático se vivirá antes de las elecciones, entre el 28 y el 30 de junio.

Cabe enfatizar que, comicios como los de ahora en México, con su logística publicitaria, constituyen una verdadera patología mental de importancia pública que en el futuro requiere de regulaciones serias, armonizadas por especialistas en sociología y psicología social, y reguladas por reglamentos específicos para el tema.

El voto y la decisión resultante debe entenderse como un proceso democrático saludable, de unidad y suma de voluntades, no como un instrumento de fragmentación social. Comunicadores, políticos y otros protagonistas del proceso han abusado irresponsablemente de su capacidad de influencia y son responsables directos del estrés nacional que hoy se vive; queda en los electores la capacidad de mantener este proceso como una muestra mas de solidaridad y cooperación mutua entre los mexicanos y no como una justificación para el encono.

Una vez más, en consonancia con la letra de la canción Gimme The Power, Dame el Poder, es buen momento para cantar “porque no nacimos donde no hay que comer/ no hay porqué preguntarnos ¿como le vamos a hacer?/ si nos pintan como a unos huevones, no lo somos,/ ¡Viva México Cabrones!”

Juntos, en paz, vamos a votar.

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