#Constituyentes InBox. La Ciudad del Caos.

Esta mañana, martes 24 de mayo de 2016, un deslave obligo a las autoridades del metro de la Ciudad de México a suspender el servicio que recorre el tramo entre la estación Taxqueña y Xola de la línea 2 del transporte colectivo; las consecuencias, ya habituales en estos casos, son de un sórdido caos para automovilistas y peatones, los cuales exponen sus vidas al abordar vehículos hasta en doble fila en medio de un casi inhumano conglomerado de usuarios que favorece toda clase de abusos que, incluso, afecta a personas de la tercera edad, niños y, por supuesto, mujeres; el frenesí de recuperar el tiempo perdido genera un estado de humor tal, que la tendencia a los conflictos es una sensación perceptible en el ambiente, un ambiente que está lejos de fomentar la convivencia ciudadana, la paz social y la productividad laboral; como acento a este caos urbano, el bloqueo de la Calzada de Tlalpan a la altura de San Antonio Abad, a escasos metros del Centro Histórico de la capital, unido a la mala calidad del aire y la contaminación auditiva, crean una estampa inequívoca de una ciudad frágil, enferma, de marcada tendencia al caos. Una ciudad donde los capitalinos son una especie de humanos con habilidades de supervivencia particulares y con una altísima propensión a la frustración, la violencia, la hipertensión arterial y la neurosis; ciertamente un ambiente hostil para ejemplares promedio de la raza humana.

Las causas que han conducido a la disfuncionalidad de la megalópolis llamada Ciudad de México son múltiples; enumerarlas es un ejercicio que se ha quedado en advertencias científicas serias desoídas por la administración política de la Capital y en planificaciones poco profesionales que evidencian su ineficacia al perpetuar la fragilidad operativa de la metrópoli en momentos de crisis; por fortuna, hasta el momento, para los habitantes del antiguo Distrito Federal, la ciudad no ha enfrentado un estado extremo de emergencia como ocurrió durante los sismos de 1985, pues no sabemos bien a bien como podría enfrentar la administración local un estado tal de calamidad urbana. Ante esta evidencia, urge la aplicación de una estrategia urbana inteligente y científica con enfoque humano que piense en los habitantes del Valle de México y no en los ingresos económicos de unos cuantos políticos y empresarios que han hecho de la megalópolis su feudo personal; es esta planificación en la que deben pensar los aspirantes a Constituyentes de la Ciudad de México que, a poco tiempo de cerrar sus campañas, se desviven por convencer a los habitantes de que son la panacea de todos los males políticos de la, otrora, Ciudad de los Palacios.

He aquí unos cuantos aspectos que presento a los notables candidatos para que, en verdad, los tomen en cuenta, si es que realmente buscan el beneficio de la Ciudad de México y sus habitantes:

  1. La Ciudad de México requiere reducir de forma gradual e inteligente su población fija y flotante. Los servicios urbanos y la infraestructura de la capital están alcanzando un nivel de suficiencia critico; el agua, los servicios médicos públicos, el transporte, la vivienda y la oferta educativa son un claro ejemplo de que la capital no puede seguir manteniendo el mismo ritmo de crecimiento y desarrollo. No se trata de “correr” a la población, sino de descentralizar la ciudad, sobre todo en lo relativo a la administración pública y las grandes empresas, que pueden trasladar sus operaciones a otras ciudades que ofrezcan mejores condiciones de vida y convivencia para los trabajadores, empleados y sus familias. Para conseguir un plan maestro de desarrollo de la Ciudad en los próximos años, se requiere de la participación de científicos y expertos en cada uno de los temas de urbanismo que he mencionado, acotando la intervención del Gobierno de la Ciudad que ha fomentado, como consecuencia de intereses económicos cuestionables, el frenético desarrollo inmobiliario de la urbe. 
  1. Consagrar el limite crítico de crecimiento poblacional de la Ciudad de México. Ninguna ciudad o núcleo poblacional puede crecer a un ritmo continuo de forma estable y segura. La ciudad, sus recursos y servicios, tienen un límite operativo vinculado al nivel óptimo de vida de sus habitantes y su población flotante, lo que incluye el uso de vehículos automotores, que debe delimitarse de forma específica para evitar la polución y la disfunción circulatoria de los espacios urbanos; una estricta política de desarrollo inmobiliario tanto en materia de casas-habitación como de desarrollo de espacios comerciales permitiría limitar el vicioso circulo de oferta-demanda que por intereses creados está acabado con nuestra ciudad; a más casas-habitación, más habitantes, a más centros comerciales, mas compradores; debe acotarse constitucionalmente la avaricia de empresarios y políticos que arrastran consigo a los habitantes de la metrópoli y comprometen el medio ambiente urbano de los mexicanos del futuro. 
  1. Consagrar la educación en salud y urbanismo en la currícula regular de estudiantes de educación básica y media básica. Tan importante como aprender geografía, matemáticas e historia, es enseñar a los estudiantes, sobre todo a los jóvenes ciudadanos, el valor de la vida en todas sus formas, particularmente la humana, y los mecanismos de convivencia social e interacción con la urbe que es la Ciudad de México. Muchos buenos resultados deberán obtenerse de educar con miras a valorar la vida y la convivencia; la educación, en este sentido, adquiere un valor funcional estratégico para la operación futura de la metrópoli, donde su capital más importante es el de carácter humano y social. Una sociedad informada con conocimiento inteligente adquiere invaluables herramientas de desarrollo económico y social, al tiempo que es más fácilmente gobernable, y, por tanto, más productiva.

Por el momento dejo aquí estas aportaciones para quien quiera considerarlas seriamente. Los capitalinos no merecen ver degradado su nivel de vida como resultado de intereses mezquinos e ignorancia en la administración de una de las ciudades más grandes del mundo. Existen problemas satélites, como la corrupción y la inseguridad, pero estoy seguro que los enumerados constituyen parte de la raíz de estos últimos.

Si en verdad los candidatos están interesados en el bien público, reflexionen a profundidad sobre la necesidad de terminar con esta Ciudad del Caos.

Espero toda clase de comentarios, opiniones y propuestas. Hasta la próxima columna.

 

Dr. Sergio García-López, médico, periodista y analista de los sistemas de salud

Mail sergio.garcialopez@live.com.mx Twitter @sergio_untradio

www.sergiogarcialopez.com.mx

 

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